La llamada de la ciencia

¡Bienvenidos a este nuevo curso! Las vacaciones han supuesto en ScyKness un parón, pero con el retorno a la actividad estudiantil (la científica no ha parado, ya os hablaré sobre ello), volvemos a trabajar en lo que nos gusta, ¡divulgar la ciencia! 

Directos con lo que quiero que destaque en este regreso, un buen amigo de la facultad, Adrián Chahboun, ha decidido hacer una pequeña carta de presentación, y creo que le ha salido algo muy digno de el, la palabra es: Transmitir. Desde que lo conocí, me di cuenta de que tiene una especial habilidad para transmitir, en particular, su pasión por la ciencia, además de poseer ideas propias e innovadoras dignas de un cerebro que trata de responder preguntas actualmente sin respuesta. Sin más, os dejo la presentación, y espero que comentéis vuestras opiniones al respecto, pues creo que es un documento que vendría muy bien que se leyese la sociedad actual, en concreto el sector joven. ¡Allá vamos!

Estimados lectores,

Mi nombre es Adrián Chahboun y soy amigo de Jafedi. En la actualidad, estudio Biología junto con él y, con cierta frecuencia, mantenemos largas y apasionadas conversaciones sobre temas científicos de diferente índole.

El motivo por el cual me gustaría escribir unas cuantas entradas en Scykness es para dar un enfoque a mis ideas y poder compartirlas con los demás, siempre teniendo en cuenta el amor por la ciencia, el espíritu crítico y el respeto.

Jafedi, de algún modo, me hacía referencia cuando hablaba de aquella persona que le había descubierto el nuevo mundo de la astronomía (hago referencia a la revista de divulgación científica Journal of Feelsynapsis, a este artículo en concreto). También, en cierto modo (y fruto de las conversaciones) se publicaron las entradas en las que se hablaba de Carl Sagan (a quien le debo buena parte de mi carácter y al que siento una profunda admiración), así como aquella entrada que nos hablaba sobre los fractales o también la que hacía referencia a Europa, una de las lunas de Júpiter.

Sin embargo, me siento contrariado al título que le puso a la revista. En mi opinión, debería de ser: “Redescubriendo a la Astronomía”. ¿Y por qué pienso que debería de ser éste y no otro? Pues la razón es muy sencilla: Jafedi no descubrió la astronomía mientras yo le recomendaba algún documental, libro, autor, etc. Él ya había descubierto la astronomía con anterioridad, ¡hace ya muchísimo tiempo! Pero por aquel entonces, según tengo entendido, la cosmología era para él una disciplina algo incierta y misteriosa, como si las cifras que sustentaban los nuevos hallazgos astronómicos (nunca mejor dicho) no fuesen sólidos pilares capaces de dar lugar a la curiosidad en este campo.

Así que, de algún modo, me vi obligado a darle a conocer este nuevo mundo, a hacérselo ver con nuevos ojos, a transmitirle lo más fielmente posible mi pasión y a enseñarle que, simplemente mirando hacia arriba, hacia el cielo, no sólo están las moscas (dando a entender que no sólo existe el estudio de los seres vivos), sino que un nuevo y apasionante mundo le estaba esperando.

Y así fue, se dejó llevar por mi pasión (de la que también habla en el inicio de la revista) y descubrió que no sólo estaba equivocado con la idea que tenía de la astronomía de antaño, sino que yacía un vasto arsenal de curiosidad todavía por explotar.

A continuación, os hablaré un poco de mi, iréis viendo poco a poco cómo se ha ido forjando mi personalidad, sobre cómo veo y observo el mundo que me rodea, etc.

Desde mi infancia, siempre tuve gran fascinación por la biología, la astronomía y la psicología (y muchas otras disciplinas, pero en menor grado). Estas tres son las que han permanecido vívidamente en mi mente.

Referente a la biología, recuerdo abrir un viejo libro de enciclopedia de los animales y tener, en la página izquierda, un murciélago emitiendo ultrasonidos y, en la siguiente página, en la parte superior aparecían múltiples imágenes de colibrís, cada uno de ellos con un pico diferente. ¿Y qué tiene eso de relevante? Pues bien, a día de hoy, sabiendo la teoría de la evolución por selección natural, de Charles Darwin, todavía pienso si yo a esa edad podría haber llegado a la misma conclusión que la que llegó él. El motivo por el cual afirmo lo dicho con anterioridad es debido a que recuerdo que miraba aquellos individuos y reconocía en ellos una misma estructura morfológica común pero con ligera modificación, en función del tipo de flor. Recuerdo pensar que aquello que veía era, prácticamente, el mismo individuo, pero con diferente modificación del pico en función del tipo de flor y pensar que era la flor la que seleccionaba un tipo de especie u otra. Así pues, no parece que estuviese muy lejos de tener la respuesta con la que muchos años atrás había dado el naturalista (y las consecuencias que le trajo). Calculo que debía tener unos 4 años, no más.

Otro dato que, en mi opinión, me parece también curioso (y también con la misma edad, aprox.), es el hecho de que tenía (y sigo teniendo) unos pocos animales de granja. También desde pequeño, daba de comer y beber a las gallinas, palomas, etc. pero no solía mostrar mucho interés hacia estos seres, hasta que un día vi que le podía sacar cierto provecho a la situación, y me empecé a fijar en cómo se comportaban, cómo actuaban los diferentes individuos, etc. Es decir, por aquel entonces, la psicología estaba surgiendo en mí y un muy joven “etólogo” estaba empezando a usar sus bienes para satisfacer sus inquietudes intelectuales.

Entrando en el tema de la astronomía, con el que indagué (y sigo indagando, gracias a las maravillas que nos brinda la tecnología) también empecé desde muy joven y también corrían los mismos años.

Recuerdo estar esperando la lluvia de estrellas, encima del tejado de mi casa, junto con mi madre, en frías noches de invierno, bien arropado y en plena madrugada. Este hecho pienso que me dio un notable empujón en la ilusión y curiosidad hacia este tema. Sin embargo, una vez más, yo ya mostraba interés sobre el tema con anterioridad. Y es que recuerdo estar en el dentista y sentir la preocupación que tenía mi madre debido a que no quería que mientras me arrancaban algún diente, pudiese hacer algún mal gesto (como hacen muchos jóvenes, y no tan jóvenes) así que recuerdo que me decía que. si me portaba bien, luego iríamos a la librería (como si estuviese haciendo algo malo, ustedes seguro que me entienden). Una vez escuchadas estas palabras, yo ya me imaginaba en qué me iba a gastar el dinero, cómo sería el libro, de qué temas trataría, etc.

En fin, podría seguir escribiendo, pero creo que es más que suficiente por hoy. Espero que os haya gustado esta primera entrada. No estoy acostumbrado a escribir en blogs, pero bueno, algún día se deberá de empezar ¿no? Espero poner más entradas en un futuro próximo (recuerden que estoy estudiando y suelo estar bastante ocupado).

Un cordial saludo,

Adrián Ch.”

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Acerca de Javier Fernández Díaz

Aprendiendo siempre cosas nuevas. Pasión por la ciencia.

Publicado el 25 septiembre, 2013 en Reflexiones científicas y etiquetado en , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 3 comentarios.

  1. Pues escribes muy bien. Impecable post. Bienvenido.

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  2. Me ha gustado mucho esta entrada 🙂

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  1. Pingback: La llamada de la ciencia

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