Robosapiens: ¿Los Cerebritos del Mañana?

En la actualidad, se diseñan todo tipo de máquinas con una gran variedad de funciones. En la Revolución Industrial, las máquinas aseguraban una mayor productividad a los humanos; pero también les quitaban el trabajo a muchos de éstos. No era de extrañar, por aquel entonces, que algunos grupos de trabajadores intentasen inhabilitar dichas máquinas, con el fin de poder llevarse algo más a la panza a fin de mes.

Mucho más adelante, sin que nos diésemos apenas cuenta, la complejidad de la maquinaria industrial fue yendo cada vez a más. Y es que un nuevo campo de la ingeniería que recibe el nombre de robótica estaba empezando a tener su lugar en nuestro mundo.

Como sabréis, cada vez los robots pueden hacer más cosas, y mucho mejor. No sólo eso, sino que el ritmo al que avanzan me resulta apabullante. Además, países como Japón poseen robots humanoides muy semejantes en apariencia física externa a un ser humano. Los movimientos de la cara están muy bien logrados, y todavía se siguen perfeccionando, hecho que me parece curioso, porque: ¿Por qué tener un robot que se asemeje mucho a nosotros y no diferente?

Pues bien, hay algunos que afirman que si se asemeja a nosotros, con extremidades posteriores bípedas y dos anteriores para la manipulación de objetos, serían de vital importancia para ayudar al ser humano a realizar tareas domésticas, del mismo modo en el que la lavadora nos ayuda a limpiar la ropa o el microondas a calentar la comida. Otros afirman que se produce un rechazo natural por parte del ser humano cuando éste observa un ser semejante a éste pero cuyos patrones faciales (entre otros) no acaban de coincidir con la idea de “miembro de su especie” y, por ello, se produce un rechazo. Así pues, la solución para aquellos que deseen comercializar el robot seguramente sería la de hacerlos cada vez más semejantes a nosotros, con la finalidad de que éstos sean aceptados en la sociedad.

Por otro lado, como ya he comentado con anterioridad, los robots cada vez son capaces de realizar más actividades. Pero, una de las preguntas que tengo, es la siguiente: ¿Podrá el ser humano algún día sintetizar una máquina más inteligente que éste? Es decir, una máquina más inteligente que el creador de ésta.

Si se define a la inteligencia como la capacidad de solucionar correctamente problemas en un cierto intervalo de tiempo, entonces mi respuesta es un rotundo: sí. Para aquellos que crean lo contrario, les intentaré convencer con el ejemplo que comentaré a continuación.

Recuerdo haber visto un documental en el que un profesor de universidad se dedicaba a estudiar cómo las palomas que tenía en su laboratorio resolvían un problema que él les planteaba. Éstas permanecían observando una pantalla en la que aparecía un determinado patrón, y lo solucionaban notablemente. Sin embargo, cuando el profesor se dispuso a realizar el mismo experimento con sus alumnos, la cosa no fue tan bien… ¡ni de lejos!

 Al final de la prueba, ningún alumno afirmó convenciéndose a sí mismo de que había realizado la prueba sin que le temblase el lápiz a la hora de resolverla. Lo cierto es que ninguno supo resolver el problema. ¿A qué fue debido? ¿Acaso no somos más inteligentes que una paloma?

El hecho es que al poseer el ser humano un gran grado de complejidad cognitiva, éste intentaba buscar una solución razonable al problema que se le planteaba, barajando con ello un montón de posibilidades; sin embargo, la paloma, con un cerebro extraordinariamente más rudimentario y pequeño que el nuestro, identificaba el patrón con facilidad, ya que no debía de analizar sus múltiples opciones en su cerebro. Sólo tenía esa, y le iba bien para solucionar ese problema concreto. Si de dicho problema se hubiese tenido que depender para sobrevivir, sin lugar a dudas, la paloma hubiese sido la más adaptada.

Por tanto, yo diría que se puede concluir que para la resolución de dicho problema, la paloma era un ser más inteligente que el ser humano, aunque éste hubiese sido el que hubiese diseñado el experimento.

Dense cuenta que al principio comenté que la inteligencia no sólo era la capacidad de resolver un problema, sino de resolverlo y por unidad de tiempo. Ello se puede observar en los test de inteligencia, en los que el tiempo es una variable que influirá en el resultado de aquel que desee realizarlo.

En nuestro caso, para resolver el problema planteado por el profesor, primero lo observamos, la información circula por nuestro cerebro a gran velocidad, a través de una intrincada red neuronal hacia un área determinada y luego efectua la respuesta, lo que también conllevaba otro recorrido. Lo que pretendo dar a entender es que para la solución de un problema, en nuestro caso, se requiere de un cierto intervalo de tiempo, debido a que la velocidad con la que corre la información es debida, en cierta medida, a la estructura y el tamaño de los axones de las neuronas.

Sin embargo, considero que en una máquina el resultado debería de ser muchísimo más rápido. Piensen que a día de hoy se está barajando la posibilidad de que aparezcan los ordenadores cuánticos. Estos ordenadores irían a muchísima mayor velocidad que cualquier otro ordenador convencional y resolverían problemas muchísimo más rápido. Ahora bien, piensen qué ocurriría si se introdujese un ordenador cuántico, con capacidad de analizar grandes cantidades de información en una carcasa ovalada y de aspecto humanoide: tendríamos a un ser algo semejante a nosotros y capaz de resolver muchísimos problemas y, tal vez, mucho mejor que un ser humano. ¿Recuerdan la partida del célebre jugador de ajedrez Kasparov contra la máquina Deep blue? Aquella máquina, en los inicios de la informática, ya dio un muy buen juego.

Imagínense lo que sería tener el poder de un millón de ordenadores domésticos en uno solo. Más aún, imaginen si se reúne a un grupo de ordenadores cuánticos cada uno realizando una diferente función pero que interactúen entre éstos, de manera que los datos proporcionados por uno influyan en el resultado del otro.

A día de hoy, los grandes descubrimientos del ser humano han venido dados por grandes mentes, gente que por sus habilidades cognitivas ha aportado un granito de conocimiento a la humanidad. A pesar de ello, la cantidad de gente existente capaz de llevar a cabo grandes descubrimientos en un determinado campo como, por ejemplo, en el de la física, es escaso. Ahora bien, superando la barrera genética que permite que haya cierto número de individuos sobresalientes y añadiendo grandes cantidades de estos ordenadores, me imagino un aumento exponencial en el conocimiento de aquello que nos rodea. Es como si estas máquinas pudiesen ser aceleradoras del conocimiento, del mismo modo en el que los enzimas de nuestro organismo hacen que las reacciones espontáneas se den con mayor rapidez y, de tal importancia son, que sin éstos es muy posible que no existiese cualquier forma de vida que se conoce, ni siquiera, un robot. ¿Por qué no llamarlo forma de vida? ¿Acaso no es semejante a nosotros y constituido por muchos de los elementos químicos que forman nuestro organismo? ¿Qué es, en definitiva, la vida? Bien, ese es otro tema del que no tengo una respuesta, pero todo el mundo reconoce qué cosas están vivas. Quizás los robots se les deba llamar formas de vida de segundo tipo, es decir, aquellas que necesitan de las de primer tipo (otros seres) para su existencia. Esto ha sido todo por hoy.

Un saludo,

Adrián Ch.

Anuncios

Acerca de Adrián Chahboun

"Sé la mejor versión de tí mismo".

Publicado el 27 octubre, 2013 en Reflexiones científicas y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: