Nuestra Historia: Hasta lo que Somos.

Al principio todo era oscuridad. Al principio, y mucho tiempo después lo fue, por lo menos, para cada uno de los lectores que se encuentra leyendo ahora mismo esta entrada.

Imaginen que todo lo que sabemos sobre el origen del universo es cierto. Pues bien, de ser así, piensen por unos instantes, que hace unos 13.800 millones de años apareció un atisbo de luz en el espacio que cambiaría para siempre el rumbo de la historia. Esa luz no sólo sería creadora de todo aquello perteneciente a lo que observamos en nuestros días, sino a muchas otras estructuras que, debido al momento en el que nos encontramos actualmente, no hemos podido presenciar.

Si la película que describe nuestro Universo es de 13.800 millones de años, la mía, por ejemplo, consiste en un fragmento de apenas 21 años… ¡¡Cuánto me he perdido!! Solamente nacer y ya llego demasiado tarde para ver la película. A pesar de ello, resulta curioso que aún llegando tarde, podamos ser capaces de entender los inicios de ésta. Es como si los materiales que componen nuestro cerebro le chivasen a la mente aquellos sucesos que habían acontecido con anterioridad hace ya muchísimo tiempo.

Y es que nuestros propios materiales -que exquisitamente coordinados nos permiten realizar una ingente cantidad de labores- no siempre fueron lo que ahora son. Ellos también tuvieron su propia historia. Sus relatos nos cuentan que para poder formarse y ser lo que son, debieron de existir estrellas colosales, cuya envergadura fue mucho mayor que nuestro Sol. Éstas se encargarían de formar elementos cada vez más pesados y de dar potentes fogonazos de luz, como inmensos faros, a regiones locales de nuestro Universo.

Del mismo modo en que nacieron, también debieron de morir, para que posteriormente diesen lugar a aquello a lo que estamos acostumbrados a contemplar: nuestra esfera azul. Aún así, no tenemos por qué envidiarlas: ellas vivieron durante muchísimo más tiempo que nosotros, y lo seguirán haciendo, aún cuando nosotros no nos encontremos ni a nosotros mismos.

Así pues, la muerte de una entre millares de estrellas ofrecería la posibilidad de que sus materiales, ahora más complejos, se dispersaran por el espacio, pudiéndose formar nuestro planeta. De los 13.800 m.a., han transcurrido ya 9.800 m.a. de película y nosotros, no somos ni siquiera un proyecto a corto plazo.

El escenario quedaría del siguiente modo: una estrella mucho más primitiva (nuestro Sol) y sus planetas circundantes orbitándola.

Al irse enfriando nuestro planeta, los materiales presentes por aquel entonces, poco a poco empezaron a agregarse, llegando a formar las primeras formas de vida. Dichas formas de vida estarían constituidas por células y colonias celulares que aprovecharían los recursos energéticos que el Sol les habría brindado: energía solar y química.

Éstas poco a poco irían explotando y consumiendo dichos recursos e, inconscientemente, transformarían y moldearían nuestro planeta, dictando el futuro de las siguientes formas de vida venideras.Seguidamente, aparecerían organismos pluricelulares, seres vivos más complejos que evolucionarían a partir de las formas de vida preexistentes. Sin embargo, para que cada uno de nosotros tuviese su papel en el Universo, quedaban unos interminables 3.000 millones de años de lucha por la supervivencia, donde nuestros antepasados debían de sobrevivir y acertar en las dotaciones genéticas que darían lugar a cada uno de nosotros. ¿Se hacen una idea de lo que es una guerra biológica por nuestra existencia que durase unos 3.000 millones de años?

Si solamente uno de entre todos nuestros antepasados hubiese decidido tomar una decisión ligeramente diferente a la que tomó, como seleccionar a una pareja diferente a la que seleccionó, en estos momentos yo no les estaría contando esta historia y, muy posiblemente, ninguno de vosotros sería testigo de ella. No conoceríais a vuestros padres, familiares y amigos. Cualquier experiencia, como el  ver, sentir o recordar sería totalmente suprimida de la memoria universal. Sencillamente, el Universo nos habría dado la espalda y no nos habría concedido la oportunidad de pertenecer a su historia.

Pero, afortunadamente, para nosotros no fue así. Una serie de fortuitas casualidades permitieron que dos estructuras atraídas por la química nos formasen a cada uno de nosotros. Así pues, bienvenidos y encantado de conocerles. Quien crea todavía que le puede tocar la lotería, es que no se ha enterado de la historia.

Un saludo,

Adrián Ch. 

 
 
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Acerca de Adrián Chahboun

"Sé la mejor versión de tí mismo".

Publicado el 24 febrero, 2014 en Reflexiones científicas y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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