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Ex-Machina. Ex-maravillosa para mi mente. ¿Y para la tuya?

ex_machina_ver4Ex-Machina. Me encantó. Como algunos ya sabéis el hecho de que una película mencione a la ciencia en su trailer y este parezca más o menos decente crea en mí un noseque quequeseyo que hace que me sienta obligado a ir a verla con unas muy buenas expectativas. Ya advierto yo de que mis críticas no son objetivas porque el mero hecho de ver ciencia futurista y disfrutar de lo que seguro llegará de aquí a no mucho ya me aporta tanto que me nubla las críticas, pero considero que no debo ser el único friki al que le pasa eso así que vamos a comentar (sin spoilers) de que trata Ex-machina y que puede aportar al mundo de la divulgación, y de todo aquello que provoca en mi mente ver películas de las que te hacen pensar.

Protagonizada por Oscar Isaac (Nathan), Domnhall Gleeson (Caleb) y Alicia Vikander (AVA), el argumento es muy interesante. Nathan es un programador que ni el mismísmo equipo de Google entero, ha creado una empresa y desarrollado un buscador con el que se ha convertido en muchimillonario. A través de un “sorteo” organizado por Nathan, Caleb,  un programador joven y con una triste historia detrás consigue pasar una semana dentro de la mega mansión / centro de investigaciones de Nathan. ¿El objetivo? Realizar un test de Turing a la última creación de Nathan, AVA, una inteligencia artificial espectacular (y preciosa).

El test de Turing generalmente consiste en comunicarte con la máquina sin que el examinador sepa que es una máquina. Entonces se supone que si tras una conversación compleja el examinador cree que está hablando con un humano, la máquina ha pasado la prueba. Pero he aquí la parte que más me gusta de la película. Transforman el test de Turing, y en una de esas frases de esta obra maestra de guión, Nathan dice que la verdadera prueba es hablar con la máquina sabiendo que es una máquina y ver si aún así acabas creyendo que tiene conciencia. Me pareció un acierto absoluto de frase y totalmente aplicable a la vida real y a la investigación.

La película para mí tiene todo aquello que necesito, una dosis de ciencia, un suspense psicológico de los que te dejan pensando sin parar mientras dura la película (y después), una ambientación excelente y un trasfondo real. Una película con básicamente tres actores pero que no necesita más para hacerte volar la mente y absorberte durante y un buen rato después de la proyección. No es acción pero en tu mente se está librando una guerra que ni en Vietnam.

La preciosidad de la Inteligencia Artificial

La preciosidad de la Inteligencia Artificial

La película trata diversos aspectos relativos a los límites morales de la inteligencia artificial y que considero útil debatir por aquí, me encantaría que por primera vez se creará algún tipo de debate en el blog.

  • ¿Donde están los límites morales cuando se crea conciencia artificial? No parece haber ningún tipo de problema ético cuando tratamos con máquinas y conjuntos de chips que no van más allá…pero…¿y cuando se crea conciencia? Una mente capaz de pensar, de aprender, de sentir emociones (incluso físicas a través de receptores). ¿Que diferencia existe entre tratar con ese tipo de conciencias y tratar con humanos? ¿Tenemos la libertad para investigar, crear y destruir todas esas conciencias como un aparato más?
  • ¿Que puntos de la mente humana son necesarios incluir en la IA? Por ejemplo…¿consideráis necesario incluir sexualidad? En la película se considera que sin sexualidad no existe motivo para el contacto social y sin contacto social no se pueden desarrollar muchos procesos cognitivos como se crean en los humanos. Sin duda en la película la sexualidad juega un papel clave, pero…¿consideráis que en la realidad sería necesario?
  • ¿Cuales creéis que son las futuras aplicaciones que se buscan con la creación de IA? En la película me da la sensación de que esa pedazo de IA ha sido creada con el único fin de probar si podía crearse una mente humana totalmente artificial. Y no solo eso, incluso una mente humana insertada en un cuerpo humano totalmente funcional (hasta sexualmente). Creo que la creación de humanos androides no está en el punto de vista de la población actual (no le veo sentido), pero entonces…¿hasta donde se debe llegar en este tipo de investigaciones? ¿Se debe buscar la complejidad máxima? ¿Emular la estructura más compleja del universo? Eso nos lleva a los problemas del primer punto…
  • ¿Qué es exactamente lo que nos hace humanos? Si es posible crear un ser de materia inerte pero con la capacidad de razonar y de ser consciente de sí mismo…¿que diferencia existe con un humano? Siempre he pensado que lo que nos hace humanos es la mente. Quiero decir, existen humanos sin piernas, sin brazos, enfermos de todo tipo, pero…¿y cuando alguna enfermedad afecta a la mente? La personalidad, la conciencia, es algo que no se sabe donde reside o como surge, pero que sin duda es la pieza clave de nuestra existencia.
  • ¿Alguno por aquí capaz de definir conciencia? Para mí es una propiedad emergente y como tal no se puede explicar con la suma de las partes. Como todas las propiedades emergentes explicar el mecanismo por el que se originan es uno de los grandes misterios del universo (para mí) y el día que se resuelvan será el día en el que nada se le resista al conocimiento humano.

Teniendo en cuenta que el crecimiento científico (y mucho más el tecnológico) actualmente es más bien exponencial, ¿cuanto creéis que se tardará en desarrollar inteligencia artificial compleja? La tecnología va por delante de la ciencia y ambas por delante de la sociedad. ¿Está lista la sociedad para afrontar y aceptar a nivel legal y social los muchos cambios que se acercan? No solo a nivel de inteligencias artificiales, sino en general.

- Toma Caleb, una mente artificial. - Gracias tío.

– Toma Caleb, una mente artificial.
– Gracias tío.

El hecho de que la sociedad vaya por detrás de la ciencia y la tecnología…¿está limitando el desarrollo de estas dos? 

Me encanta la frase en la que Nathan, respecto al motivo por el cual ha creado lo que ha creado, responde que “la cuestión no era si hacerlo o no hacerlo, sino cuando. Es algo que iba a suceder tarde o temprano, entonces…¿porqué no hacerlo ya?” ¿Soy el único que piensa de esa manera en multitud de campos de la investigación? Trabas legales, éticas y morales, que jamás evitarán que llegue lo inevitable, solo lo retrasan. ¿Tal vez lo retrasan porque esperan a que la sociedad esté lista para tales avances?

Bueno, lo voy a ir dejando que dicen que más de 1000 palabras ya se hacen cansinas si la calidad del escritor no es top 10 (como es mi caso). He querido reflejar en esta entrada lo que creo que sucede en una mente curiosa. Cualquier cosa que te interese, cualquiera, puede remover tu conciencia (eso que no sabría definir) hasta hacerte pensar en decenas y decenas de preguntas. Cada respuesta a esa pregunta llevará mucho tiempo, y desde luego lo que me maravilla es que cada respuesta dará lugar a decenas de preguntas nuevas. Para aquel que lo desea, tenemos miles de enigmas que resolver y sabemos que nunca se acabarán. ¿Existe mayor motivo de felicidad o alegría? Saber que eso que nos mueve a casi todos, la curiosidad, nunca tendrá un fin.

Recomiendo ver la película Ex-Machina, me chocó ver que le daban tan pocas salas y además pequeñas a una película tan buena, pero claro, estaba 50 sombras del chuloplaya y claro…

Si tuviera que evaluarla le daría mínimo un 8,5 de 10, tiene esa pieza clave por la que voy al cine, hacerme soñar despierto y alegrarme pensando que aquello que hoy en día es ciencia ficción en un futuro (que espero vivir), dejará de serlo.

Puedes acabar pensando que visto lo visto, incluso tú puedes ser un ser con IA.

Puedes acabar pensando que visto lo visto, incluso tú puedes ser un ser con IA. Juegaco de palabras.

Robosapiens: ¿Los Cerebritos del Mañana?

En la actualidad, se diseñan todo tipo de máquinas con una gran variedad de funciones. En la Revolución Industrial, las máquinas aseguraban una mayor productividad a los humanos; pero también les quitaban el trabajo a muchos de éstos. No era de extrañar, por aquel entonces, que algunos grupos de trabajadores intentasen inhabilitar dichas máquinas, con el fin de poder llevarse algo más a la panza a fin de mes.

Mucho más adelante, sin que nos diésemos apenas cuenta, la complejidad de la maquinaria industrial fue yendo cada vez a más. Y es que un nuevo campo de la ingeniería que recibe el nombre de robótica estaba empezando a tener su lugar en nuestro mundo.

Como sabréis, cada vez los robots pueden hacer más cosas, y mucho mejor. No sólo eso, sino que el ritmo al que avanzan me resulta apabullante. Además, países como Japón poseen robots humanoides muy semejantes en apariencia física externa a un ser humano. Los movimientos de la cara están muy bien logrados, y todavía se siguen perfeccionando, hecho que me parece curioso, porque: ¿Por qué tener un robot que se asemeje mucho a nosotros y no diferente?

Pues bien, hay algunos que afirman que si se asemeja a nosotros, con extremidades posteriores bípedas y dos anteriores para la manipulación de objetos, serían de vital importancia para ayudar al ser humano a realizar tareas domésticas, del mismo modo en el que la lavadora nos ayuda a limpiar la ropa o el microondas a calentar la comida. Otros afirman que se produce un rechazo natural por parte del ser humano cuando éste observa un ser semejante a éste pero cuyos patrones faciales (entre otros) no acaban de coincidir con la idea de “miembro de su especie” y, por ello, se produce un rechazo. Así pues, la solución para aquellos que deseen comercializar el robot seguramente sería la de hacerlos cada vez más semejantes a nosotros, con la finalidad de que éstos sean aceptados en la sociedad.

Por otro lado, como ya he comentado con anterioridad, los robots cada vez son capaces de realizar más actividades. Pero, una de las preguntas que tengo, es la siguiente: ¿Podrá el ser humano algún día sintetizar una máquina más inteligente que éste? Es decir, una máquina más inteligente que el creador de ésta.

Si se define a la inteligencia como la capacidad de solucionar correctamente problemas en un cierto intervalo de tiempo, entonces mi respuesta es un rotundo: sí. Para aquellos que crean lo contrario, les intentaré convencer con el ejemplo que comentaré a continuación.

Recuerdo haber visto un documental en el que un profesor de universidad se dedicaba a estudiar cómo las palomas que tenía en su laboratorio resolvían un problema que él les planteaba. Éstas permanecían observando una pantalla en la que aparecía un determinado patrón, y lo solucionaban notablemente. Sin embargo, cuando el profesor se dispuso a realizar el mismo experimento con sus alumnos, la cosa no fue tan bien… ¡ni de lejos!

 Al final de la prueba, ningún alumno afirmó convenciéndose a sí mismo de que había realizado la prueba sin que le temblase el lápiz a la hora de resolverla. Lo cierto es que ninguno supo resolver el problema. ¿A qué fue debido? ¿Acaso no somos más inteligentes que una paloma?

El hecho es que al poseer el ser humano un gran grado de complejidad cognitiva, éste intentaba buscar una solución razonable al problema que se le planteaba, barajando con ello un montón de posibilidades; sin embargo, la paloma, con un cerebro extraordinariamente más rudimentario y pequeño que el nuestro, identificaba el patrón con facilidad, ya que no debía de analizar sus múltiples opciones en su cerebro. Sólo tenía esa, y le iba bien para solucionar ese problema concreto. Si de dicho problema se hubiese tenido que depender para sobrevivir, sin lugar a dudas, la paloma hubiese sido la más adaptada.

Por tanto, yo diría que se puede concluir que para la resolución de dicho problema, la paloma era un ser más inteligente que el ser humano, aunque éste hubiese sido el que hubiese diseñado el experimento.

Dense cuenta que al principio comenté que la inteligencia no sólo era la capacidad de resolver un problema, sino de resolverlo y por unidad de tiempo. Ello se puede observar en los test de inteligencia, en los que el tiempo es una variable que influirá en el resultado de aquel que desee realizarlo.

En nuestro caso, para resolver el problema planteado por el profesor, primero lo observamos, la información circula por nuestro cerebro a gran velocidad, a través de una intrincada red neuronal hacia un área determinada y luego efectua la respuesta, lo que también conllevaba otro recorrido. Lo que pretendo dar a entender es que para la solución de un problema, en nuestro caso, se requiere de un cierto intervalo de tiempo, debido a que la velocidad con la que corre la información es debida, en cierta medida, a la estructura y el tamaño de los axones de las neuronas.

Sin embargo, considero que en una máquina el resultado debería de ser muchísimo más rápido. Piensen que a día de hoy se está barajando la posibilidad de que aparezcan los ordenadores cuánticos. Estos ordenadores irían a muchísima mayor velocidad que cualquier otro ordenador convencional y resolverían problemas muchísimo más rápido. Ahora bien, piensen qué ocurriría si se introdujese un ordenador cuántico, con capacidad de analizar grandes cantidades de información en una carcasa ovalada y de aspecto humanoide: tendríamos a un ser algo semejante a nosotros y capaz de resolver muchísimos problemas y, tal vez, mucho mejor que un ser humano. ¿Recuerdan la partida del célebre jugador de ajedrez Kasparov contra la máquina Deep blue? Aquella máquina, en los inicios de la informática, ya dio un muy buen juego.

Imagínense lo que sería tener el poder de un millón de ordenadores domésticos en uno solo. Más aún, imaginen si se reúne a un grupo de ordenadores cuánticos cada uno realizando una diferente función pero que interactúen entre éstos, de manera que los datos proporcionados por uno influyan en el resultado del otro.

A día de hoy, los grandes descubrimientos del ser humano han venido dados por grandes mentes, gente que por sus habilidades cognitivas ha aportado un granito de conocimiento a la humanidad. A pesar de ello, la cantidad de gente existente capaz de llevar a cabo grandes descubrimientos en un determinado campo como, por ejemplo, en el de la física, es escaso. Ahora bien, superando la barrera genética que permite que haya cierto número de individuos sobresalientes y añadiendo grandes cantidades de estos ordenadores, me imagino un aumento exponencial en el conocimiento de aquello que nos rodea. Es como si estas máquinas pudiesen ser aceleradoras del conocimiento, del mismo modo en el que los enzimas de nuestro organismo hacen que las reacciones espontáneas se den con mayor rapidez y, de tal importancia son, que sin éstos es muy posible que no existiese cualquier forma de vida que se conoce, ni siquiera, un robot. ¿Por qué no llamarlo forma de vida? ¿Acaso no es semejante a nosotros y constituido por muchos de los elementos químicos que forman nuestro organismo? ¿Qué es, en definitiva, la vida? Bien, ese es otro tema del que no tengo una respuesta, pero todo el mundo reconoce qué cosas están vivas. Quizás los robots se les deba llamar formas de vida de segundo tipo, es decir, aquellas que necesitan de las de primer tipo (otros seres) para su existencia. Esto ha sido todo por hoy.

Un saludo,

Adrián Ch.

Mente y Cerebro: Tercera Parte. Una Perspectiva Cosmobiológica

Así en la Tierra como en el Cielo

Este comentario, durante mi niñez, lo llegué a escuchar como otros muchos mientras estaba en misa con mi ya difunto abuelo. Era uno entre los muchos comentarios que un niño, joven, adulto o anciano podía escuchar en una Iglesia.

Yo, por aquel entonces, no tenía muy claro el por qué iba a misa. Sabía que cada cierto día de la semana acudía a ésta y que el sermón del cura iba a ser diferente al de la última vez que asistí. Pasado ya un cierto tiempo, de entre todo lo escuchado durante un corto periodo de mi niñez, la frase expuesta al inicio de la entrada me iba a ayudar a ver el mundo de modo diferente.

Un buen día, a los 8 años, observé un libro que hablaba de fractales. Yo no sabía qué era un fractal, pero las imágenes de la portada me animaron a seguir sabiendo más cosas acerca de este tema.  Descubrí que un fractal era un objeto geométrico cuya estructura básica se repetía a diferentes escalas, llegando a alcanzar valores infinitos.

Ejemplos de fractales son las ramificaciones observadas en nuestro sistema respiratorio, en los bronquios, los bronquiolos y los alveolos pulmonares. El patrón de ramificación presente en los árboles es otro ejemplo, en el que las ramas se expanden en múltiples direcciones y de igual modo. También este patrón yace en estructuras inertes como el Río Nilo o los ríos de metano de Titán, una de las lunas de Saturno.

Otro ejemplo de fractal es la siguiente planta perteneciente a la familia de las umbelíferas y que resulta muy común de encontrar en el campo:

Queen Anne's Lace

En esta imagen que ha sido retocada por mi (debéis de perdonarme, pero no soy un artista con el “paint”, pero eso es de menos, el objetivo es informar) se observa una macroestructura en forma de paraguas (umbela) que contiene multitud de uniones a otras estructuras más pequeñas que rematan en flores blancas (umbelas). Si se observa con detenimiento,éstas poseen una gran semejanza con la estructura mayor que las contiene. Así pues, he señalado con líneas y puntos de diferentes colores las semejanzas que se encuentran entre las microestructuras y la macroestructura. Por tanto, lo que quiero dar a entender es la idea de repetición.

Así pues, en unos casos los fractales se observan en una infinidad de seres vivos; mientras que en otros los observamos en aquello que yace inerte, como son los ríos. A continuación les mostraré dos imágenes y les explicaré la historia que subyace en cada una de éstas, así como la relación que tienen ambas y la extrapolación que hice para alcanzar a una idea mayor.

fasfas

Pensad a qué hacen referencia estas dos imágenes. Si no lo tenéis claro, os lo haré saber: la imagen de la izquierda corresponde a un corte histológico del cerebro observado en microscopía electrónica, en el que se pueden observar las conexiones entre neuronas; mientras que en la imagen de la derecha se puede observar cómo se organizan millones de galaxias en el espacio por acción de la gravedad. Para entender la grandeza de ésta última, debéis tener presente que cada punto pequeño amarillo correspondería a una galaxia, así que háganse una idea de la escala a la que estamos indagando.

Como se puede observar, estas dos imágenes poseen una extraordinaria semejanza estructural y siguen un mismo patrón fractal. Una pertenece a nuestro planeta; mientras que otra está presente en el vasto espacio sideral. Por tanto, en lo microscópico y vivo, así como también en lo macroscópico e inerte, observamos un mismo patrón. He aquí el significado que ha tenido en mí la frase expuesta al inicio de la entrada. El mismo patrón que sucede en lo que vemos día a día, a nuestros pies, es lo mismo que se halla en el espacio, más allá de nuestra cúpula azul.

Así pues, si ambas fotos corresponden a un mismo patrón, y una da lugar a la mente… ¿Será que todo nuestro universo es en realidad un ser vivo, capaz de pensar, analizar información, soñar, etc.? ¿Por qué no podría serlo? ¿Qué lo impide? ¿Acaso nuestras células saben que forman parte de un conjunto mucho mayor y que contribuyen al pensamiento de un organismo?

Existen teorías pertenecientes en el campo de la astronomía que ofrecen la posibilidad de que nuestro universo sea tan sólo uno entre muchos y posea unas leyes físicas que serían parcial o totalmente diferentes del resto de universos. Sin embargo, la existencia de otros universos, a día de hoy, no ha sido corroborada.

Aun suponiendo que nuestro universo fuese en realidad una especie de macrocerebro, ¿Por qué detenerse ahí? ¿Por qué ponerle límites y que este macrocerebro no perteneciese, en realidad, a un conjunto de macrocerebros que forman parte de un cerebro mayor? ¿No hemos comentado que los fractales son repeticiones geométricas infinitas?  ¿Por qué se debería de dar el patrón en la planta umbelífera y no en todo el universo?

Aceptando lo dicho con anterioridad, se entendería que el universo no fuese finito y no sería una rareza afirmar que nuestro universo fuese infinito. Al fin y al cabo, toda cosa existente en el nuestro es información, y la información no tiene por qué ser tangible y tener límites.

Por ejemplo, en un videojuego, podemos observar el hecho de que si nos dirigimos con nuestro personaje virtual hacia una pared, no podemos penetrarla. En este caso, la pared no es una barrera física. Ésta, al igual que todo lo que sucede en el juego, es información y viene dada por las reglas del programador. Lo que ocurre es que las leyes del juego impuestas por nosotros determinan que ese límite no se puede rebasar. Así pues, si nuestro personaje pudiese ser consciente de su entorno y de responder ante él como lo haría un ser humano, aquella pared virtual le resultaría  tan física y tangible para él como lo es cualquier pared u obstáculo presente en nuestro hogar para nosotros. Quizás el universo haya hecho lo mismo con nosotros y se haya repartido un compendio de leyes para que con éstas se pudiesen realizar determinados actos.
Es como si la información jugase con la información y el mismo juego, repetido una y otra vez, no tuviese un fin, del mismo modo en el que tampoco tuvo un inicio.

Espero que reflexionen y comenten.

Un Saludo,

Adrián Ch.

 

Mente y Cerebro: Segunda Parte. Un Enfoque Alternativo

El Principio de Superposición Cuántica afirma que un sistema material cuántico, como un electrón, es capaz de estar en dos lugares diferentes a la vez siempre y cuando el observador no incida directamente en la realización del experimento. Los resultados de éste pueden variar en función del grado de intervención del investigador.

El Entrelazamiento Cuántico es una propiedad que se predijo en el año 1935 por Einstein, Podolsky y Rosen. Al tener dos partículas cuánticas entrelazadas A y B separadas una cierta distancia, si se dispone a dar una determinada orden a la partícula A (dando a entender que le sucede cualquier cosa), inmediatamente la partícula B percibirá el cambió y responderá en consecuencia, independientemente de la distancia que las separe. Más aún, si uno de estos dos sistemas, en un momento dado, desaparece (pongamos que desaparece la partícula B), se puede lograr que se entrelace el sistema A con el sistema B, aunque este último haya dejado de existir.

La Teoría de Sistemas afirma que todo sistema está formado por un conjunto de componentes o subsistemas que interactúan entre ellos de un modo más fuerte que cualquiera de ellos con un componente no perteneciente al sistema, es decir, un componente externo. Además, establece que el Todo (es decir, el Sistema) no es sólo el producto de la suma de sus componentes; sino que es todo lo anterior sumado a la aparición, como consecuencia de dicha interacción, de las propiedades emergentes.

Pero, ¿Por qué me ha dado por hablar de física, cuando lo que promete la entrada es hablar del cerebro? Para saber la respuesta, se ha de haber leído la entrada anterior. En las últimas líneas de dicha entrada hacía referencia a la importancia que tiene en mí el cerebro, así como también la inteligencia animal, que forma parte de la mente y que ésta, a su vez, es una propiedad emergente, cuyo sistema es el cerebro que, a su vez, está formado por subsistemas: diminutas y laboriosas unidades celulares que se intercomunican unas con otras mediante leyes físicas (electricidad) y químicas (neurotransmisores, hormonas, etc.) dando lugar a una vasta e intrincada red neuronal, capaz de regular el control de todo nuestro organismo.

El hecho de que me apasione el cerebro es debido a las propiedades emergentes que tiene, que son muchas como, por ejemplo, la capacidad de poder ver, escuchar, resolver problemas abstractos, sentir placer o dolor, memorizar, soñar, amar, etc. Todas ellas me parecen un auténtico misterio que, en mi opinión, es digno de estudio.

Puedo entender que las mismas leyes naturales de física de fluidos que se encuentran presentes en un vaso circulatorio sanguíneo, como el flujo de sangre que puede pasar por un determinado capilar de un diámetro determinado (y, por tanto, de algo perteneciente a un sistema vivo) se puedan aplicar a una manguera en cuyo interior encontramos agua a una cierta presión circulando por una objeto cilíndrico muy similar en estructura a un capilar.

Es decir, aquí estoy relacionando una misma ley física para dos cosas: una que se considera viva y otra que no lo está. Como he dicho con anterioridad, puedo entender que esto sea así, del mismo modo en que la bomba de un pozo pueda hacer ascender el agua desde las profundidades de éste, similar a lo que realiza nuestro corazón con la sangre. Todo ello me resulta sumamente fácil de visualizar y de realizar una predicción matemática de los resultados fruto de la interacción entre dichos subsistemas y conociendo sus valores.

Ahora bien, lo que me parece una soberbia y descarada demostración es lo que es capaz de hacer todo el entramado neuronal. Recuerdo estar el año pasado en la universidad, en las prácticas de laboratorio, observando diferentes variedades de tejidos. Cada uno de éstos tenía su complejidad, con sus células especializadas, cuyas funciones eran, entre otras, la excreción de moléculas al medio exterior, enviar señales, etc. Sí, todo un sistema elaborado pero, en mi opinión, muy predecible, en el estricto sentido de que cualquiera puede imaginar una vacuola excretando las sustancias nocivas de una célula al exterior como si fuese un saco de grasa lleno de estiércol (por poner una analogía).

En un determinado momento, se procedió a poner un corte histológico del cerebro de un ratón en la platina del microscopio óptico y recuerdo quedarme maravillado observando la muestra, preguntándole lo siguiente: ¿Qué tendrás de diferente del resto de células del organismo, que a pesar de tener un mismo origen genético y estar agrupadas y comunicadas como lo hacen el resto, con cierto grado de diferenciación específico, seas capaz de dar lugar a algo tan exquisitamente complejo como es la consciencia? ¿Cómo se puede explicar matemáticamente, físicamente o químicamente la aparición de estas propiedades?

El hecho es que la teoría de sistemas afirma que aparecerán nuevas propiedades como resultado de la interacción de los componentes (neuronas) que forman el sistema (cerebro) pero, en este caso, uno no puede predecir matemáticamente que el fruto de la red neuronal sea la mente. Se sabe que existe, y nada más.

Por otro lado, no creáis que me he olvidado de las dos primeras leyes físicas que he mencionado al inicio de la entrada. Todo lo que pongo es siempre por algo. A continuación, os presentaré la parte innovadora. Intentaré aplicar conceptos de la mecánica cuántica al campo de la cognición. Mi objetivo es el de intentar ofrecer una explicación racional y multidisciplinar (abarcando mecánica cuántica y biología) sobre el por qué de ciertos fenómenos que pueden acontecer en determinadas situaciones límite.

Es posible que alguna vez hayáis tenido la ocasión de haber escuchado a algún familiar, amigo, compañero o, simplemente un desconocido, en algún medio informativo o en persona, el hecho de que mientras éste yacía en una situación de salud mental crítica como, por ejemplo, estado de coma, haya podido, de algún modo que se desconoce, desdoblarse y observarse a sí mismo tumbado en la cama del hospital (por poner algún lugar). No solamente eso, sino también mencionar que tenía la capacidad de poder ver y escuchar a sus familiares llorar y, más aún, poder desplazarse de una sala a otra, sin que los límites impuestos por las paredes fuesen un obstáculo. Y por si fuese poco, que algunos de estos “pacientes del otro lado” se encontrasen unidos a su cuerpo físico mediante una especie de hilo que podían tensar (o no), a su antojo.

La pregunta es: ¿Cómo explicar el poder ver lo que hace el médico de la sala de al lado con todo lujo de detalles? ¿Un déficit de oxígeno en una determinada área cerebral? Tal vez sí, o tal vez no. No sé el motivo por el que ocurre, pero intentaré ofrecer una hipótesis (siempre aceptando que sea cierto el hecho de que uno se puede desdoblar) sobre cómo explicar que un ser humano postrado en una cama, con los ojos cerrados, quieto y en unas condiciones de salud que ponen en jaque a la propia muerte, pueda ser capaz de realizar justamente lo contrario y volver (si es que alguna vez se fue), para contarlo.

Pues bien, empezando por el principio de superposición cuántica, éste afirma que una partícula cuántica puede estar en dos estados al mismo tiempo. Si el cerebro es el producto del flujo de electricidad, y la electricidad es debida a una corriente eléctrica, por qué no pensar que muchas partículas de nuestro cuerpo, en un momento dado, dan lugar al “otro ente”. Aún no pudiendo explicar satisfactoriamente este suceso, y suponiendo que éste sucede porque es otra de las propiedades emergentes que posee nuestro cerebro y que desconocemos, ¿Cómo explicar que el paciente, al levantarse, sea capaz de contar lo ocurrido? Es decir, le ha tenido que venir la información de algún lugar que está ubicado a una cierta distancia respecto a éste. Sí, estoy haciendo referencia al entrelazamiento cuántico. Quizás, ese ente que está captando información en lo alto de la sala, está modificando nuestro cerebro (el acto no tiene por que ser voluntario) y actualizándolo debido a que ciertas partículas presentes en el ente se encuentren entrelazadas con nuestro cerebro (quién sabe, quizás con ese hilo que hablaba con anterioridad y que conectaba a las dos realidades), de modo que al despertarse, éste pueda ser capaz de explicar lo acontecido a todo aquel que esté dispuesto a escuchar.

No necesitamos de ojos para ver un cuadrado. Podemos cerrar los párpados y visualizarlo. Si realizamos la prueba diferentes días seguidos, estoy seguro de que el cuadrado observado el día 3 no se parecerá al cuadrado observado el día 10; sin embargo, hemos sido capaces de visualizarlo, porque nuestro cerebro tiene el potencial de hacerlo. ¿Por qué no iba a tener algún potencial cuya propiedad emergente desconocemos y que se manifiesta en un momento dado de nuestra vida? ¿Sería por ello menos interesante? ¿Por qué no aprender de los nuevos avances en múltiples áreas del conocimiento para abarcar un problema, cuyo origen (el cerebro) está gobernado por leyes físicas y químicas?

Me cuesta creer que existe un “espíritu”, por el hecho de que los que estudiamos ciencias biológicas aprendemos que todo lo que constituye la materia viva se reduce a elementos materiales. A pesar de ello, no me parecería nada extraño el hecho de que alguien, en algún momento, me pudiese demostrar que el espíritu es una realidad como cualquier otra. ¿Por qué nos iba a extrañar? ¿Acaso la historia no nos enseña una y otra vez que aquello que había perdurado como una realidad inalterable durante miles de años había acabado por sustituirse por una nueva visión del mundo?. Al fin y al cabo, “¿Sabe la mariposa que una vez fue gusano?” o “¿Qué sabe el pez del agua donde nada toda su vida?”. Espero que reflexionéis sobre el tema y que éste haya sido de vuestro agrado.

Un cordial saludo,

Adrián Ch.

Mente y Cerebro: Primera Parte

Queridos lectores,

Os he de confesar un hecho peculiar que aconteció durante mi niñez. Los cuadros hablan. Sí, lo hacen. Y saben más de uno, de lo que uno sabe de sí mismo. Desde mi perspectiva, el maestro de todos los cuadros no fue “un Picasso” o “un Dalí”, fue uno bien sencillo y cuyo autor de dicha obra, por aquel entonces, no tuve el detalle de fijarme, hecho que a día de hoy me inquieta.

Como ya os he dicho, ese cuadro se comunicó conmigo perfectamente. Aún siendo mudo y estando colgado en la pálida pared,  el fresco cerebro de un niño de apenas unos 5 años de edad estaba analizando con todo el detalle que le era cognitivamente permitido aquella imagen y poniendo en danza una serie de interpretaciones, intentando adivinar cuál de éstas era la más acertada.

Y es que creo haberlo visto, o bien en mi casa, o en casa de alguno de mis familiares. Pero volviendo al párrafo anterior, retrocederé un poco hacia atrás en el tiempo.

Recuerdo haber estado en un lugar en el que había unos pocos cuadros. Ese lugar podría ser, perfectamente, cualquier hogar. Caminé por un pasillo y recuerdo que uno de ésos me llamó subliminalmente la atención, ya que en aquel momento el destino de mis andaduras no era el de ponerme a contemplar aquellas obras de arte.

Así pues, de algún modo me llamó, me avisó, se comunicó conmigo e, involuntariamente, acepté la invitación de buen gusto. Pero yo no sabía de qué iba todo aquello, yo solamente era un títere e inconscientemente, sin yo saberlo, me estaba preparando para un silencioso interrogatorio.

Me puse justo enfrente de él y alcé la cabeza para poder contemplarlo con mayor claridad. Lo que observé, en principio, no parecía que fuese un acontecimiento relevante, o tal vez sí que lo fue. Eso se vio posteriormente. ¿Pero qué es lo que vi?

Vi una imagen en la que se podía observar dos niños que estaban sentados en la fresca hierba del prado, y digo fresca porque el hermoso color verde casi eléctrico que tenía hacía que yo me imaginase estar sentado en aquél hermoso lugar. Pero no sólo era bello el campo, el juego de luces que realizó el pintor hizo que el Sol estuviese, por unos momentos, congelado en la imagen. Pero había algo más. En el campo se podía vislumbrar una pareja de jóvenes que estaban sentados y acariciaban un esbelto y melenudo león.

No sé qué pensaríais si observaseis un león plenamente tranquilo y que era acariciado, sin temor alguno, por dos jóvenes de corta edad. En aquel momento, una rápida interpretación me vino a la cabeza: aquello era el cielo. Sí, aquello debía de ser el cielo, porque cómo iba a ser posible que el ser humano estuviese en plena armonía con un ser que infunde respeto y temor (no piensen en el ser humano de la ciudad; sino aquel que está en la sabana cara a cara con el peligro de que una de estas criaturas pueda malherirles).

Pero, ¿Por qué afirmar que aquello era el cielo? La razón es sencilla: aquel cuadro había pertenecido a gente que vivió hace mucho tiempo, de modo que era muy probable que el significado fuese aquel.

Sin embargo, otra idea de mucha mayor intensidad vino de inmediato a mi mente, tanto que me marcó hasta la actualidad. La idea consistía en un mundo futuro en el que los seres humanos no teníamos la necesidad de temer a los grandes depredadores, ni a ninguna criatura viviente en especial. El hecho de que estuviesen sonriendo hombre y bestia me daba a entender de que ambas especies se entendían perfectamente, cada una conocía las intenciones de la otra y sabía actuar en consecuencia para lograr estados recíprocos de bienestar, que tanto anhela el ser humano y del que hay veces que se le escabulle de las manos, debido a que aún no ha logrado conocer el entorno que le rodea y, mucho menos, a sí mismo.

De modo que aquel cuadro me ayudó a encontrarme a mí mismo, a hallar un rincón de mi Universo del que no tenía constancia, porque es evidente que no me habló y que fui yo el que puso la idea en mente.

Los siguientes años de mi vida irían acompañados de una creciente obsesión e intención de poder entender agudamente el comportamiento de los seres vivos, en especial, de un selectivo grupo del que me siento exquisitamente fascinado: delfines, orcas, ballenas jorobadas, cuervos, keas, chimpancés, etc. están todos ellos en mi punto de mira y quiero saber más sobre ellos.

En la actualidad, deseo entender dos cosas relacionadas con lo que estudio: la inteligencia animal y el cerebro. Esta entrada solamente es la introducción de un tema que será tratado en la próxima entrada que publique, de manera que actuará de puente o enlace. En ella, pretenderé esbozar y argumentar una serie de ideas que algunos consideran innovadoras y de las que hace tiempo que tengo en mente,  cuyo tema principal será el misterio del cerebro. Espero que os haya gustado. Nos vemos en la siguiente entrada.

Un cordial saludo,

Adrián Ch.

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