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Por las abejas, por una Navidad más ultravioleta.

prt_557x780_1371473017¿Sabíais que hasta un 40% de la fruta y verdura de la que disfrutamos (vale, quizá más en verano que en Navidad, pero la disfrutamos) se la debemos a que una abeja polinizó la flor que produjo el vívere?  Algunos autores afirman además que sin polinizadores clave como son las abejas, no habría la variedad de plantas que existen hoy en día. Eso habría dificultado la diversificación de herbívoros, que a su vez dificultaría la diversificación de mamíferos, y ya no hablemos de nuestra aparición o supervivencia. De las abejas depende la supervivencia de muchas plantas, y con ello, de miles de especies.

Pues no tienen suficiente las abejas con el conocido síndrome de despoblamiento de las colmenas, debido a que mientras las pobres trabajan indirectamente para nosotros, tienen que luchar contra plaguicidas, GMOs (esto era una broma navideña que camuflé entre comas para ver quien se manifestaba en contra, yo el primero. @lfmlacal ha leído la entrada y se ha dado cuenta, ¡mi enhorabuena!), diversos químicos, depredadores introducidos, parásitos nuevos… como para encima…¡dejarlas sin Navidad!

Y es que la Navidad debería ser verde o azul, ¡pero no roja! La Coca-Cola pasa porque a las abejas les sobra azúcar con su propia miel, pero..¿La Navidad? Se pasan polinizando a destajo el año entero y ¿después no pueden ni disfrutar de la decoración navideña? Y es que las abejas, por si no lo sabíais, no ven el rojo.

Fue en los inicios de 1900, cuando el premio Nobel (el aún no lo sabia, pero ya le llegaría) Karl R. von Frisch descubrió que las abejas eran capaces de distinguir colores. Hoy en día se sabe que el sistema visual de las abejas es igual que el nuestro, tricromático, se basa en tres colores y la mezcla de ellos determina el resultado que nuestro cerebro interpreta, pero, sin embargo, las abejas no ven el rojo y nosotros sí. ¿Que nos diferencia? Pues fue hace ya mucho, 110 años concretamente, cuando se descubrió que las abejas ven el ultravioleta (UV). El ser humano compone sus colores percibiendo tres colores, verde, azul y rojo. Las abejas componen sus colores percibiendo tres colores, verde, azul y ultravioleta. Y os preguntareis, ¿pero a caso el ultravioleta es un color? No, es un rango de longitudes de onda, pero es que todos los colores son eso, rangos de longitudes de onda.

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Menzel y Backhaus, 1991, modificado por http://alojoptico.us.es/

Lo que me resulta sumamente curioso y me gustaría destacar, es que hace también muchos años se descubrió que muchas flores reflejan la longitud de onda del ultravioleta (300-400 nm más o menos). ¿Que quiere decir que reflejan ultravioleta? El color de los objetos que vemos, es aquel color que el objeto no es capaz de absorber (o la mezcla de ellos), eso quiere decir, por ejemplo, que una mesa verde está absorbiendo todas las longitudes de onda menos el verde, que lo refleja (y quizá otras longitudes pero para nosotros son invisibles).

Si muchas flores muestran patrones de ultravioleta, y las abejas, que van a ser los principales polinizadores, son capaces de verlas, quiere decir que eso tiene una función, ya que en la naturaleza muy pocas cosas funcionan al azar tras millones de años de perfeccionamiento. Y es que, efectivamente, se ha podido comprobar que los patrones de ultravioleta en las flores muestran el camino hacia el néctar, es decir, están guiando a la abeja hacia su comida, donde, no por casualidad, se encuentra el polen que permite la polinización. Apasionante, ¿verdad? De las flores polinizadas por abejas, un 30% tienen guías visibles por el ojo humano, pero otro 26% tiene pautas en ultravioleta que solamente son percibidas por el ojo de estos insectos. Y creerme, un 26% de las plantas polinizadas por abejas, son muchas plantas.

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Muchas flores que para nuestro sistema visual son escasas de patrones o guías, para el ojo de las abejas que pueden ver el espectro UV, estas flores tienen unas claras indicaciones de hacia donde dirigirse.

De este hecho ha surgido la teoría aún no probada de que este fenómeno se debe a un caso de evolución paralela, las plantas han ido perfeccionando sus patrones de ultravioleta para incrementar el éxito en la polinización, por otro lado las abejas han incrementado su capacidad de visión en esa longitud de onda para tener un mayor acceso al alimento que para ellas es el néctar. No sería el primer caso de evolución de este tipo, pero para ello se debería demostrar antes que los ancestros de las abejas anteriores a la aparición de las flores poseían diferentes tipos de receptores para el color.

Por todo lo mencionado anteriormente, y como favor a la ardua tarea que realizan para nosotros y el resto del planeta, propongo que las navidades pasen de tener el color rojo como característico a ser este el verde (como el día de San Patricio que tanto deben disfrutar las abejas), el azul, o…¿el ultravioleta? Por si alguno se está preguntando de que color es el ultravioleta, ese color es invisible para nosotros. El motivo por el cual muchos se creen que ese color es violeta, es porque las lamparas que se venden de ultravioleta y que muchas veces se usan en laboratorio para esterilizar, se ven violetas. ¿Porque?

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Como hacen que veamos la radiación UV. Realmente vemos radiación no UV, que sirve para avisar de que la UV está encendida.

Porque como muchos sabéis, los rayos UV que se usan también para ponerse moreno, son peligrosos y agresivos con nuestro ADN. Añadir a la emisión UV de estas lamparas una emisión en color visible para nosotros, como el violeta permite saber cuando estas lamparas están encendidas y cuando no, y es que nunca debemos estar expuestos a este tipo de radiación de forma prolongada. De hecho, uno de los problemas de las cámaras UV o de la exposición contínua al sol, cuya radiación obviamente contiene UV, es precisamente que el UV puede acabar produciendo mutaciones y daño en nuestro ADN, principalmente en el de las células de nuestra piel.

Pensando en lo mucho que les debemos a las abejas, no creo que cambiar el color de la Navidad (que viene en parte debido a una campaña publicitaria de Coca-Cola) hacia el verde o el azul sea algo descabellado. ¡Todo es poco para alegrarles el día a esos pequeños seres muchas veces detestados pero tan necesarios para el planeta y los otros seres que lo habitan! Eso si, la ropa interior el día de Nochevieja que siga siendo roja, que los seres humanos lo relacionamos con pasión y atracción, y eso puede seros útiles para pasar una buena noche de fin de año.

Y sin más, aprovecho la ocasión para desearos una feliz Nochebuena y una feliz Navidad. Gracias por, como las abejas, ¡ayudar a mantener esto vivo!

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Mente y Cerebro: Tercera Parte. Una Perspectiva Cosmobiológica

Así en la Tierra como en el Cielo

Este comentario, durante mi niñez, lo llegué a escuchar como otros muchos mientras estaba en misa con mi ya difunto abuelo. Era uno entre los muchos comentarios que un niño, joven, adulto o anciano podía escuchar en una Iglesia.

Yo, por aquel entonces, no tenía muy claro el por qué iba a misa. Sabía que cada cierto día de la semana acudía a ésta y que el sermón del cura iba a ser diferente al de la última vez que asistí. Pasado ya un cierto tiempo, de entre todo lo escuchado durante un corto periodo de mi niñez, la frase expuesta al inicio de la entrada me iba a ayudar a ver el mundo de modo diferente.

Un buen día, a los 8 años, observé un libro que hablaba de fractales. Yo no sabía qué era un fractal, pero las imágenes de la portada me animaron a seguir sabiendo más cosas acerca de este tema.  Descubrí que un fractal era un objeto geométrico cuya estructura básica se repetía a diferentes escalas, llegando a alcanzar valores infinitos.

Ejemplos de fractales son las ramificaciones observadas en nuestro sistema respiratorio, en los bronquios, los bronquiolos y los alveolos pulmonares. El patrón de ramificación presente en los árboles es otro ejemplo, en el que las ramas se expanden en múltiples direcciones y de igual modo. También este patrón yace en estructuras inertes como el Río Nilo o los ríos de metano de Titán, una de las lunas de Saturno.

Otro ejemplo de fractal es la siguiente planta perteneciente a la familia de las umbelíferas y que resulta muy común de encontrar en el campo:

Queen Anne's Lace

En esta imagen que ha sido retocada por mi (debéis de perdonarme, pero no soy un artista con el “paint”, pero eso es de menos, el objetivo es informar) se observa una macroestructura en forma de paraguas (umbela) que contiene multitud de uniones a otras estructuras más pequeñas que rematan en flores blancas (umbelas). Si se observa con detenimiento,éstas poseen una gran semejanza con la estructura mayor que las contiene. Así pues, he señalado con líneas y puntos de diferentes colores las semejanzas que se encuentran entre las microestructuras y la macroestructura. Por tanto, lo que quiero dar a entender es la idea de repetición.

Así pues, en unos casos los fractales se observan en una infinidad de seres vivos; mientras que en otros los observamos en aquello que yace inerte, como son los ríos. A continuación les mostraré dos imágenes y les explicaré la historia que subyace en cada una de éstas, así como la relación que tienen ambas y la extrapolación que hice para alcanzar a una idea mayor.

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Pensad a qué hacen referencia estas dos imágenes. Si no lo tenéis claro, os lo haré saber: la imagen de la izquierda corresponde a un corte histológico del cerebro observado en microscopía electrónica, en el que se pueden observar las conexiones entre neuronas; mientras que en la imagen de la derecha se puede observar cómo se organizan millones de galaxias en el espacio por acción de la gravedad. Para entender la grandeza de ésta última, debéis tener presente que cada punto pequeño amarillo correspondería a una galaxia, así que háganse una idea de la escala a la que estamos indagando.

Como se puede observar, estas dos imágenes poseen una extraordinaria semejanza estructural y siguen un mismo patrón fractal. Una pertenece a nuestro planeta; mientras que otra está presente en el vasto espacio sideral. Por tanto, en lo microscópico y vivo, así como también en lo macroscópico e inerte, observamos un mismo patrón. He aquí el significado que ha tenido en mí la frase expuesta al inicio de la entrada. El mismo patrón que sucede en lo que vemos día a día, a nuestros pies, es lo mismo que se halla en el espacio, más allá de nuestra cúpula azul.

Así pues, si ambas fotos corresponden a un mismo patrón, y una da lugar a la mente… ¿Será que todo nuestro universo es en realidad un ser vivo, capaz de pensar, analizar información, soñar, etc.? ¿Por qué no podría serlo? ¿Qué lo impide? ¿Acaso nuestras células saben que forman parte de un conjunto mucho mayor y que contribuyen al pensamiento de un organismo?

Existen teorías pertenecientes en el campo de la astronomía que ofrecen la posibilidad de que nuestro universo sea tan sólo uno entre muchos y posea unas leyes físicas que serían parcial o totalmente diferentes del resto de universos. Sin embargo, la existencia de otros universos, a día de hoy, no ha sido corroborada.

Aun suponiendo que nuestro universo fuese en realidad una especie de macrocerebro, ¿Por qué detenerse ahí? ¿Por qué ponerle límites y que este macrocerebro no perteneciese, en realidad, a un conjunto de macrocerebros que forman parte de un cerebro mayor? ¿No hemos comentado que los fractales son repeticiones geométricas infinitas?  ¿Por qué se debería de dar el patrón en la planta umbelífera y no en todo el universo?

Aceptando lo dicho con anterioridad, se entendería que el universo no fuese finito y no sería una rareza afirmar que nuestro universo fuese infinito. Al fin y al cabo, toda cosa existente en el nuestro es información, y la información no tiene por qué ser tangible y tener límites.

Por ejemplo, en un videojuego, podemos observar el hecho de que si nos dirigimos con nuestro personaje virtual hacia una pared, no podemos penetrarla. En este caso, la pared no es una barrera física. Ésta, al igual que todo lo que sucede en el juego, es información y viene dada por las reglas del programador. Lo que ocurre es que las leyes del juego impuestas por nosotros determinan que ese límite no se puede rebasar. Así pues, si nuestro personaje pudiese ser consciente de su entorno y de responder ante él como lo haría un ser humano, aquella pared virtual le resultaría  tan física y tangible para él como lo es cualquier pared u obstáculo presente en nuestro hogar para nosotros. Quizás el universo haya hecho lo mismo con nosotros y se haya repartido un compendio de leyes para que con éstas se pudiesen realizar determinados actos.
Es como si la información jugase con la información y el mismo juego, repetido una y otra vez, no tuviese un fin, del mismo modo en el que tampoco tuvo un inicio.

Espero que reflexionen y comenten.

Un Saludo,

Adrián Ch.

 

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