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La quimioterapia…¿un veneno?

Se escucha muy a menudo, tanto en la población general como en sectores científicos, frases del estilo: “La quimioterapia es un veneno”. “La quimioterapia mata más que cura”. “La quimioterapia no funciona”. ¿Estamos ante una conspiración de las farmacéuticas para dejar morir pacientes o realmente son sentencias sin evidencia ni razón? Vamos a intentar analizarlo en otro corto pero intenso post.

Según la Real Academia Española, la definición de veneno incluye, entre otras, estas dos definiciones:

1. m. Sustancia que, incorporada a un ser vivo en pequeñas cantidades, es capaz de producir graves alteraciones funcionales, e incluso la muerte.

2. m. Cosa nociva a la salud.

ffffSegún estas dos definiciones los fármacos que se usan en quimioterapia (y muchos que se usan para otras cosas) sí, son venenos. También lo es el agua o cualquier sustancia. La dosis (y no la sustancia) hace el veneno. Pero la vida es cuestión de matices y como no, en una época donde la sociedad decide usar las medias verdades o las verdades incompletas para hacer de ellas religiones y credos, toca matizar. Vamos a hablar de efectividad terapéutica, toxicidad y venenos.

Como ya comenté en esta entrada, en la industria del desarrollo de fármacos se funciona a base de una sencilla relación: riesgo / beneficio. Todos, absolutamente todos los fármacos aprobados tienen efectos secundarios, que se conocen y se describen en los prospectos, los tienen los fármacos para aliviar la tos y los fármacos quimioterapéuticos no son diferentes. La diferencia es la relación riesgo / beneficio.

Como entenderán, no es lo mismo el riesgo que tiene un resfriado común al riesgo que presenta tener un tumor. Es por ello que los fármacos para tratar resfriados deben tener unos efectos secundarios mínimos. Nadie va a morir ni a sufrir gravemente por un resfriado, no tendría lógica que eso pudiera pasar por tomar un fármaco para evitar el resfriado. Sin embargo, con el caso de un tumor, las posibilidades de que este crezca, produciendo metástasis y después la muerte del paciente son muy altas. Entenderán entonces que los graves efectos secundarios de la quimioterapia: cansancio general, náuseas, vómitos, pérdida de pelo, anemias…se acepten. Ante la posibilidad de ayudar a evitar la muerte, cualquier efecto secundario grave es aceptado.

Y les diré más…en oncología, por desgracia, la muerte como efecto secundario se acepta y se usan fármacos que pueden causar con la muerte del paciente. Pero también pueden curarlo, mientras que sin tratamiento el panorama no suele (por desgracia) ofrecer esa opción. Esto en el sector del desarrollo de fármacos se conoce como índice terapéutico. 6e49bfae2c1b79c8cd7415fbdd8a23f0.media.400x284

El índice terapéutico otorga información sobre la toxicidad de un compuesto pero en base a su efectividad. Se obtiene dividiendo la concentración del fármaco que se ha visto que causa “Serious adverse events (SAE)” o eventos adversos serios (coma, muerte, toxicidad grave) en un 50% de la población estudiada, entre la concentración que resulta eficaz y produce un efecto terapéutico (estabilidad del crecimiento tumoral o regresión parcial/total) en el 50% de la población. Cuanto mayor resulte este índice mucho mejor tanto a la hora de conseguir pasar los ensayos clínicos tan exigentes (y con razón) para conseguir llevar el compuesto al mercado como para los pacientes. Cuanto mayor sea el índice quiere decir que la concentración que puede ayudar a curar y aquella que puede matar están más alejadas, menos posibilidad de que se encuentren.

Los fármacos quimioterapéuticos actúan en su mayoría sobre procesos claves en la división celular. Todas nuestras células se dividen, pero las tumorales lo hacen a un ritmo más rápido, y eso es lo que se usa para combatir al tumor. Por desgracia, la oncología no es una ciencia exacta y se acaba afectando a todas las células, mucho más a las tumorales, pero también a las células sanas, y a ello se deben los efectos secundarios.

El problema es que la sensibilidad y respuesta a un fármaco no es la misma para todas las persona. Cada persona tiene una función hepática y detoxificadora diferente, unos enzimas diferentes, en resumen un metabolismo diferente, y todo ello puede resultar en que la absorción y respuesta al fármaco entre pacientes sea diferente. Aquí ejemplos de NTI, fármacos con índice terapéutico de 2. En oncología se considera como muy bueno un índice terapéutico de 4. Teniendo en cuenta el tener que dar dosis altas porque muchas veces una frenada en el crecimiento del tumor no implica posibilidades de cura y que el estado de los pacientes que son tratados con quimioterapia es ya débil de por sí (por el tumor y por los efectos secundarios), el uso de quimioterapia se puede considerar como un veneno, puede matar y es nocivo para la salud, pero en muchos casos es necesaria.

Harto de ver como la población general cree que no se ha avanzado nada en el tratamiento contra el cáncer, esta imagen que encontré por Twitter la guardé porque sabía que me vendría muy bien. Observen en la imagen inferior como ha evolucionado los índices de supervivencia de la gran mayoría de procesos oncológicos. ¿El motivo? Mejoras en cirugía, radioterapia y quimioterapia. La quimioterapia es clave, junto a la radioterapia y la cirugía, en el tratamiento de la gran mayoría de tumores para tratar de eliminar los restos que la cirugía no puede y se usa con ese fin muchas veces en combinación con la radioterapia. Para saber más de la radioterapia, recomiendo esta genial entrada.

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El ser humano peca muchas veces de lo que se conoce como memoria selectiva. Solemos recordar los sucesos negativos, sin embargo, los positivos los consideramos como algo normal. Vemos lo positivo como lo que debe suceder. Ojalá fuera así.  Se recuerda mucho (cosa normal) los casos de pacientes que mueren después de ser tratados con quimioterapia pero no tanto aquellos que se curan. Piensen cuantos famosos recuerdan que se hayan curado frente a cuantos que hayan muerto por algún cáncer. Si la cosa (por desgracia) sale mal, la necesidad de buscar culpables puede hacer que pensemos que el culpable es esa pequeña molécula que trataba de destruir las células malas pero se pasó de matón, sin embargo si la cosa sale bien nos alegramos y la situación no se suele analizar, se busca olvidar y superar (cosa totalmente normal y comprensible).

Resumiendo, los fármacos quimioterapéuticos tienen un nicho especial en el sector de los fármacos, se les permiten efectos secundarios graves (incluida la muerte) porque la relación riesgo / beneficio tiene un matiz, la enfermedad a tratar es mortal.

Es cierto que queda mucho por mejorar en cuanto a especificidad e índices de efectividad de las moléculas empleadas en quimioterapia, pero hasta entonces, les aseguro que si la molécula se acepta y emplea es porque ha demostrado, tras muchos años de investigación, que su uso ayuda a curar más que a matar. Y eso es lo importante, y no dejarnos llevar por sensaciones o sentimientos, la objetividad puede ser decisiva a la hora de que un paciente elija si tratarse o no, y nadie debería elegir basándose en medias verdades.

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Inmunología contra el cáncer. La opinión de un servidor.

Queridos lectores y lectoras, 

Resulta que finalmente he aprobado el examen de inglés del que os hablé hace un par de entradas, lo que significa que podré hacer un máster como tenía pensado este año, y que ya puedo ponerme libremente a trabajar en el blog hasta llevarlo a donde quiero, un blog sobre biología celular principalmente interesado en cáncer, envejecimiento y longevidad. ¡Yuhu!

El tema de esta entrada viene decidido tras haber observado el siguiente vídeo, uno de esos vídeos que como bien dijo un compañero, en 7 minutos aprendes más que en una o dos semanas de clase. El vídeo trata sobre como se puede usar nuestro propio sistema inmune para luchar contra el proceso tumoral.  Es un gran trabajo de la conocida página Materia , y sin más dilación ni dilatación. ¡Dentro vídeo Charlie!

A modo de “all in all”, el vídeo pasa a decir que como alternativa a las terapias de quimioterapia y radioterapia, que conocemos que son bastante agresivas y por desgracia poco específicas (es decir, ataca a células sanas también), existe lo que se conoce como inmuno-oncología, una idea que tiene origen hace más de 100 años. Cabe mencionar lo interesante del descubrimiento, y es que un paciente con cáncer sufrió una infección, lo que había activado / estimulado el sistema inmune, que finalmente llevó a la eliminación del tumor por el propio sistema de defensa con el que contamos cada uno de nosotros. ¡Ni el ejercito de EEUU hoyga!

La principal diferencia entre este tipo de terapia y los demás, es que mientras que en radioterapia y quimioterapia de lo que se trata es de conseguir que un fármaco / radiación afecte y elimine el tumor, en la inmuno-oncología nuestro sistema inmune, con una pequeña ayuda, es el encargado de luchar. En el caso de la quimioterapia, para más INRI, se trabaja “apagando” el sistema inmune a través de inmuno-depresores para evitar que el organismo actúe contra el trabajo del fármaco. Es decir, se confía en que el trabajo lo realice por completo un medicamento, nuestro cuerpo y sus mecanismos de defensa pasan a segundo plano.

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Buen ejemplo de terapia alternativa

Y ahí está el tema por el que siempre he considerado / consideraré que la quimioterapia no es el camino, no al menos de la forma que se entiende hoy en día. Existen muchos casos en lo que un paciente que sufre un cáncer se encuentra estable dentro de lo que cabe, hasta presenta cierta mejoría. De repente, se aplica una sesión de quimioterapia, y el resultado puede ser que si el fármaco / la terapia no ha funcionado todo lo bien que se esperaba, el tumor tenga vía libre para crecer y expanderse, resultando en un empeoramiento del estado de salud del paciente, generalmente con un final muy poco deseado. ¿Que ha pasado? La quimioterapia requiere desconectar por un tiempo el sistema inmune del paciente, confiando en que el fármaco hará mejor trabajo que el propio sistema inmune, si esto no fuera así, ya que se produce resistencia a muchos quimioterápicos por parte del tumor, el cuerpo queda como un blanco perfecto.

Cada día nuestro cuerpo lucha contra células que se vuelven malignas y deciden evitar la muerte y con ello crecer sin un control, produciendo un crecimiento celular descontrolado, formando una masa de células incompatible con el funcionamiento normal del organismo. En esos primeros estadios en los que las células pasan por su etapa adolescente rebelde, se forman lo que se conoce como “microtumores“. Cada uno de nosotros tiene y ha tenido de estos, pero nuestro organismo los combate eficazmente y aquí paz y después gloria. El problema viene cuando esas células rebeldes no pueden ser reconocidas por el sistema inmune, o cuando debido a unos malos hábitos de salud generales, nuestro sistema inmune no es capaz de combatir a esas malditas celulillas. Este último caso apostaría a que es el que impera sobre el primero, conociendo los malos hábitos actuales, tanto de alimentación, como de vida sedentaria.

El quid de la cuestión es: ¿Debemos confiar en nuestro sistema inmune más de lo que lo hace la quimioterapia actual? Mi opinión es directa: SI, S-I (S de Sistema, I de Inmune). Dicen la Navaja de Ockham que la respuesta más simple y probable tiende a ser la correcta.

De momento, no somos capaces de emular ni por asoma las increíbles capacidades de nuestro organismo, una máquina quasi infalible con millones de años de evolución a base de prueba-error , la vida es impresionante, y nuestro nivel de complejidad es enorme. Si al menos pudieramos conseguir emular la vida de una bacteria, pero no, tampoco podemos. Por este motivo, yo confío bastante más en el complejo sistema inmune que eficazmente me ayuda a diario a combatir todo tipo de peligros e infecciones, que en una molécula o suma de moléculas desarrolladas en un laboratorio y que se ha visto que si, combaten el tumor, pero…¿a que precio? Pensad en la multitud de efectos secundarios grave resultados de una baja especificidad. Tened por seguro que vuestro organismo también combate el tumor, puede que a veces no con toda la eficacia necesaria, pero tampoco la tienen la mayoría de quimioterápicos actuales…que además en su mayoría tratan de combatir el tumor jugando con los niveles de una proteína, algo que con el nivel de complejidad que muestra el cuerpo humano, se queda muy muy corto. La terapia lipídica de membrana, con la que trabaja el laboratorio donde trabajo, es en ese sentido, mucho más completa, tratando de afectar a la totalidad de un conjunto de vías, no a una proteína.

 

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Cortando el flujo de nutrientes al tumor

Me parece de una lógica aplastante, que existiendo la demostrada eficaz alternativa de ayudar de diferentes maneras al sistema inmune a desarrollar eficazmente el trabajado que lleva milenios aprendiendo a hacer, se apoye de gran manera esta frente a otras. La forma de ayudarlo no es unicamente la que en el video se explica, de eliminar o evitar los mecanismos de evasión de las celulillas malditas. Una correcta alimentación y un correcto aporte de nutrientes hacen que lo diferentes componentes del sistema inmune que dependen de numerosos elementos, puedan trabajar mejor. El deporte promueve la activación del sistema inmune, una mejor red de vasos sanguíneos donde el sistema inmune viajará a donde sea necesario. Una combinación de todas ellas creo que demostraría la increíble capacidad del sistema inmune, capaz de tantas cosas como hoy en día sabemos.

No estoy diciendo que la quimoterapia no pueda ser útil en determinadas situaciones, pero hoy en día empieza a haber alternativas muy eficaces y prometedoras (anti-angiogenésis, stem cells, inmuno-oncología, vacunas de antígenos), que creo que se debería empezar a apostar más por estas, en las que el precio a pagar por tratar de curar una terrible enfermedad es menor que con la quimioterapia, y más cuando en la mayoría de casos, la eficacia de esta última, deja bastante que desear.

Esta es mi opinión personal, poco a poco espero poder llenar esto de artículos más complejos y con los mecanismos de actuación de diversos tratamientos y demás, pero de momento he decidido tirar a lo primero que me dice mi intuición. Viene a ser algo similar a cuando tienes un pinchazo con la bici, puede que si has pinchado 60 veces debas cambiar la rueda, pero en la mayoría de casos, con un parche (una pequeña ayuda que cierra el pinchazo), es suficiente.

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